
Demoro la existencia, atraso la muerte,
me brindo a la Rosa y al laberinto,
a la ensoñación y al cíclico recuerdo.
Vivo en cada agonía, en cada cadencia,
extiendo mi ser en el espacio,
para comprender la crisis de nuestro espíritu,
la guerra sin edad que nos acecha.
Demoro la existencia, atraso la muerte,
pero mis sentidos dibujan
una batalla perpetua:
Caín asesinando de nuevo,
Argel estallando en la sombra,
miles de hombres que viven sin tierra
y una margarita sin pétalos
que se aferra al planeta.
Demoro la existencia, atraso la muerte,
y acaso mi ejercicio no se escucha
ni en las tumbas ni en los alumbramientos,
mi vida no cesa de ser una lucha
contra el tiempo y su algarabía,
los efectos de un alba sangrienta
no faltan para diezmar mi porfía.
Demoro la existencia, atraso la muerte,
para esperanzar los espíritus fraternos,
para organizar un ejército de hordas pacíficas,
para matizar la masa informe
que llaman Humanidad,
para silenciar obviedades
y contemplar latencias,
demoro la existencia, atraso la muerte,
la de todos, la del que no me atiende,
la del que muere bajo las balas
en este momento.
SANTIAGO PULECIO
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