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Conocidas son de sobra las intervenciones que autores del mundo clásico hicieron en el pasado con poetas coetáneos de gran nombre: Stephane Mallarmé inicialmente se resistió a la invitación de Debussy para que este pusiera música a sus textos, arguyendo que no era necesario pues estos ya estaban llenos de ella.
De modo similar es como Strauss se concentró en el “Zarathustra” nietszcheano, Wagner y sus “valkyrias” que retoma de la mitología nórdica o muchos de los autores que se metieron de lleno en la poesía misma, como Cage o incluso Penderecki, Satie y en la otra senda los poetas beatnik metidos en causas políticas con artilugio plástico y musical.
Con estos últimos, la breve ilustración apunta a que también las experiencias del jazz han sido cercanas a la experiencia de la palabra como uno más de los detonantes que ayuden a que la experiencia estética sea del todo un viaje alucinante.
Son memorables las crónicas de Leroi Jones, convencido creyente del Islam que se hizo poeta de la doctrina del ‘free jazz’ y luego entonces conocido como Amiri Baraka, esa especie de gurú de la “new thing” que aún es un referente obligado para hablar en el tono de una de las últimas auténticas vanguardias del pasado siglo.
De modo reciente e intenso, otros jazzistas se han metido a explorar en temas de la lírica moderna como el caso del pianista Brad Mehldau y su “Love Sublime” sobre la obra del poeta Rainer María Rilke, Fred Hersch (de quien dicen que es un poeta metido de pianista) y una obra portentosa en torno al gran Walt Whitman y sus “Hojas de Hierba”, el joven pianista indio de la más reciente corriente vanguardista ‘avant garde’ Vijay Iyer y sus colaboraciones con el poeta Mike Ladd, o el bajista Steve Swallow trabajando en llave con la obra del poeta Robert Creely, para nombrar sólo algunas de las mas notables publicaciones discográficas de los últimos cinco años.
No habrá que olvidar la escritura poblada por las improvisaciones y la atmósfera jazzística de Scott Fitzgerald, Vian, Cortázar y los citados poetas de la generación Beat, de donde se destaca en ese ejercicio Kerouac y Ginsberg con obras sencillamente imprescindibles.
En Colombia son importantes las composiciones e intervenciones en formato de canción protesta y folk que hizo la agrupación “María Sabina” sobre la obra de poetas reconocidos del medio nacional como Juan Manuel Roca y Raúl Gómez Jattin o la convocatoria a bandas de rock latinoamericanas para rendir tributo al poeta Pablo Neruda.
No desconocemos el buen trabajo del poeta y músico samario Fernando Linero en estilos de bolero, tango y otros géneros, para aproximarse a la poesía de maestros como Mario Rivero, Rafael Del Castillo y Robinson Quintero Ossa.
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